Estaba sentado mirando a través de mi ventanal cómo todo el mundo cuales pequeñas hormiguitas obreras caminaban por los cruces peatonales, encontrándose con sus citas, ya sean profesionales o por pasar el rato con amigos.
Shibuya es así, gente de lo más variopinta: chicas rubias de bote, música, estilos, colores, salary men, el 109, e infinidad de tipos más. Mientras seguía observando desde el piso en la 20º planta a cada persona en la que mi vista se posaba, me tomaba un café con leche. El café estaba cargado, demasiado para mi gusto, pero era necesario que lo tomara así, apenas había pegado ojo esa noche… y vaya noche.
Arriba, abajo, de lado, ardiente, sudando, apretado, mordiendo, gritando, gimiendo, llorando… Inolvidable, claro. Nunca experimenté nada con ningún hombre. No sé ni cómo sentirme. ¿Orgulloso de ampliar mis horizontes sexuales? ¿O tal vez avergonzado de ser yo quien recibiera en mi primera vez?
-Pffffff… -Resoplaba cada vez que volvía ese recuerdo a mi mente, revolviéndome el pelo con la mano libre.
Aún sentía molestias, aunque no fue muy brusco… al principio. Después fue toda una locura, desinhibición total. Repito: Un recuerdo inolvidable…
Investigué un poco más acerca de aquel chico, era un guitarrista. Torpemente logré recordar su nombre. The GazettE ¿eh? Sí, muy conocidos, y yo el ser más ciego por no reconocerle, aunque apenas había oído de ellos, solo rumores de unirse a Sony, como otros miles más.
Cuando por fin anocheció, me puse en marcha para mi siguiente salida. Una quedada entre amigos a una fiesta. No iba a engalanarme mucho, pues era una fiesta informal entre conocidos de conocidos de más conocidos y así infinitamente. Mientras me colocaba la americana, me observaba con una sonrisa arreglándome el cuello.
Camisa negra, americana del mismo color, al igual que el pantalón vaquero negro, con zapatos de cuero. Sí, también negros. Un toque en el pelo, y adelante. Listo para otra noche.
Llegué al lugar de encuentro, que por cierto estaba atestado de gente según veía desde la moto en la puerta. La anclé y sin más entré esquivando los apretones, empujones y demás, por la puerta VIP.
El ambiente no estaba viciado aún, pero estaba lleno, pronto lo estaría. Mi vista en un segundo recorría toda la estancia hasta que en la zona en la que me encontraba, la VIP, reconocí a unos cuantos de mis amigos.
No fue nada muy interesante, copas, risas y más copas, entre ese amigo y los que se nos unían.
Pero, ¿Sabes qué era lo que más relucía en aquel lugar, mucho más que las bolas de cristal, que los focos incluso?
El vacío.
Empecé a sentirme desplazado. Todo se volvía falso, mis sonrisas empezaron a atenuarse, la chica de mi lado a apegarse a mí como si no tuviera piel en los dedos, sino ventosas.
Más risas, más alcohol, y los rostros de todas las mujeres empezaron a transformarse como en una pesadilla en el rostro de ella. Ella. Tú. Te odio, ¿Te lo dije ya? “Lo sé” Creí escuchar en un susurro.
Tras ese trance del que me despertaron con un chasquido de dedos frente a mi cara, me propusieron ir a otro lado. Me daba igual donde ir mientras que puedan sacármela de la mente. Por favor.
Nos habían llevado a otro local, más tranquilo y entre más conocidos. La chica por fin se había despegado de mí, había deducido por fin mi falta de interés hacia ella, pues fui a la barra junto con un colega, charlando. Parecía que esta vez no iba a haber “cacería”, bueno, por una vez estaba bien.
Al final de la noche me presentaron a un nuevo chico, un nuevo amigo, sinceramente, no había dejado de mirarle, era bastante diferente al resto, y no sabía por qué.
-Encantado. Me llamo Hyde. – Sonreía con desgana mientras le estrechaba la mano.
- Soy Yonkie Kim… -Vaciló unos instantes, suspirando mientras se frotaba con suavidad la nuca, dubitativo. –Bueno, en realidad no. – Reía. Era encantador y amable.
- ¿Cómo? – Alcé una ceja al no entender bien qué quería decir esbozando una sonrisa al final.
- Bueno, mi nombre real es Kim Jae Wook, pero dime simplemente Jae. Soy de Corea, Modelo, actor, y haciendo mis pinitos como cantante.
-Oh ya veo… -Asentí con un falso interés aún con aquella sonrisa.
Gracias por aclararme lo del nombre, como todos saben soy nulo para los idiomas y también para los nombres coreanos, no sé por qué lado he de pillarlos, cual el nombre y cual el apellido y… -Uno de mis amigos (*), se atrevió a acercarse, posando el brazo sobre mi hombro, mofándose de mí, contándole a aquel chico mi experiencia en Taiwán y mi dificultad de aprenderme una frase del guión en chino. Soy un negado, lo sé, y éste le dijo que para aprenderme una palabra nueva, tenía que olvidar la anterior que había aprendido. Todos estallaron en risas.
Pasamos una buena velada. Además de pasar la noche con los amigos de siempre, Yoshihiko un joven rebelde pero buen chico, Yasu y Hakuei, el único que más se aproximaba a mi edad y con quien me entendía, conocí a mucha gente nueva, como Kouta, Genki, Toki, Setsu, Sisen, Gunji, Takashima y su novio del que por aquellas no recordaba quién era y Takanori.
Al cabo de un par de horas, volví a mi casa. No estaba tan borracho como de costumbre, pero sí muy cansado. Decidí ir a por algo de comer a la nevera y después a dormir, pero cruzando el salón, me quedé clavado en el suelo al ver una silueta femenina dibujada en el sofá, sentada.
Mi rostro desencajado, mostraba una mirada abierta de par en par. Tragué saliva. Se me pasó por la mente salir corriendo allí, pero como si me leyera la mente, cuando tuve intención de echar un paso atrás, esa silueta comenzó a hablar.
-Vaya, qué horas.- Me mantuve en silencio, no podía articular una sola palabra. Era su voz.- ¿Hideto? ¿Te comió la lengua el gato? Acércate, no muerdo… ya no.
Obedecí muy a mi pesar, hasta quedar frente a ella. Pude apreciarla mejor. En su regazo yacía la cabecita de un niño muy pequeño dormido, y aún con el terror recorriendo cada rincón de mi cuerpo, alcé la mirada hasta encontrarme con la de ella. Megumi.
Me sonreía con desdén, o más bien irónica. Esas sonrisas envenenadas que yo bien conocía y que engañaban a más de uno con aquel toque angelical que poseía, un simple disfraz de corderito ocultando al mismísimo diablo.
-¿Qué quieres de mí ahora? ¿Cómo has entrado aquí?
-Por Dios, Hideto, la próxima vez, asegúrate de que te devuelvan las llaves cuando eches a alguien de tu casa, o al menos cambies la cerradura. Será cierto que tu inteligencia es proporcional a tu altura. Cuéntame, ¿Qué tal la noche? ¿Algún buen agujero donde meterla? ¿O un buen culo? Sí… -Suspira rememorando- Te encantaba… te encantan… Cómo tomabas el mío entre tus manos y te hundías en mí… Entre mis nalgas… y en mi…- Corté sus palabras con un grito.
-¡Cállate! Fuera de aquí de una vez, no sé qué quieres de mí pero no me importa, llevo un año evitándote ¿¡y entras como si nada en mi vida de nuevo!?- Megumi no hizo más que sonreír nuevamente mirando al niño mientras le acariciaba.
-Shh… Silencio Hideto, no alces la voz. Despertarás a nuestro bebé. ¿Recuerdas su nombre? Akira…
-No me saques ese tema de nuevo…-Mis mandíbulas se tensaron, trataba de calmarme como podía pero era inevitable crisparme cuando estaba ella cerca -Sabes que… ese niño, no es mío. No volveremos a ese tema… Si tampoco accedes a hacerle una prueba de paternidad.
-No me hace falta gastar tiempo y dinero en algo que ya sé. –Fingió un suspiro abatido, mirando al niño, dirigiendo sus palabras a él, que aún yacía profundamente dormido- ¿Qué triste, eh, mi bebé? Tener un papá que no te quiere… no te preocupes, yo haré justicia. Cuando lo sepa todo Japón, la noticia te dará de comer a ti y a tus futuros hijos… Dinero no te faltará…
Dicho esto, volvió a mirarme con una nueva sonrisa más fría y cargada de maldad, cogiendo al bebé en brazos y levantándose. No tendría más de dos años. Como todo lo que ocurrió por entonces.
-No te atreverás… ¡Lo sabes bien! ¡Lo sabes! ¿Por qué quieres cargarme de esta manera? ¿¡Por qué todo esto!? Megumi, yo te amé, yo he sido el único hombre que te ha podido amar ¿Y así me trataste… así me tratas? ¿Qué hice?
Mientras seguía Megumi caminando hacia la salida, dejó caer las llaves al suelo y sentenciando finalmente –Dejar de hacerlo. Fui tu segunda esposa. La primera siempre fue L’Arc~en~Ciel y yo no soy segundo plato ni plano de nadie.- Dicho esto, salió de la casa sin dejarme añadir nada más.
No pude más que derrumbarme en el suelo. No merecía algo así. O quién sabe. Tal vez fui un ser terrible en otra vida y ahora pague por ello.
Observé por la ventana como subía al coche con aquel hombre… el mismo con el que me traicionó. Y tiene la desfachatez de echarme en cara todo eso, y afirmar que es hijo mío cuando ese niño vive con sus verdaderos padres. Como siempre, su interés de siempre ha sido el dinero y las exclusivas mediáticas.
El hambre había desaparecido. Después de eso no querría comer en dos días al menos y quería tirarme los días tumbado. Solo esperaba que el tiempo, o Dios, o el Karma, pusieran a todos en su sitio. Mi único error fue enamorarme de la persona equivocada y tomar la decisión correcta demasiado tarde. Pero como dicen, más vale tarde que nunca. Habría muerto si hubiera seguido más con aquel calvario de relación y de mujer, por lo que solo tuve que sentirme agradecido de no seguir con aquello, aunque también era una situación en la que fácilmente podría pensar que el remedio fue más doloroso que la propia enfermedad.
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