A la mañana siguiente, me despertó un pequeño rayo de luz, el único que cruzaba esa oscura habitación, que se posó sobre mis ojos, desvelándome poco a poco… Al principio, creí encontrarme en mi habitación, como suelo acostumbrar todas las mañanas, junto con la “victima” de la noche anterior, pero esta vez, al cabo de un rato caí en que la victima esta vez fui yo… Un olor distinto en el ambiente, una cama y unas sábanas distintas a las de mi habitación, en definitiva, otra casa…
A pesar de haberme despertado, no me molesté en levantarme. Supuse que mi acompañante seguiría dormido. Simplemente, suspiré y volví a cerrar los ojos, para sumirme en mis propios pensamientos.
¿Por qué esta vez? Siempre había sido yo quien guiaba a mis ligues nocturnos a mi casa… Obviamente, es un riesgo que corro… mi tatuaje es demasiado conocido, podrían reconocerme en un simple giro de mi cuerpo desnudo y… mandar a paseo toda mi carrera. Suelo ser muy estricto en lo que a trabajo se refiere, no me gusta mezclar mi vida personal con el trabajo, que aireen mi vida personal los medios, pero en realidad… todo ahora me importa absolutamente una mierda, hablando en plata.
Al cabo de unos minutos, o tal vez horas, noté como mi acompañante, -cuyo nombre no me acordaba en esos momentos-, empezaba a revolverse, signo de que se estaba despertando.
Sentí como se levantaba de la cama… yo fingí seguir durmiendo. No sé por qué, no era una situación a la que estuviera acostumbrado, en verdad, no sabía que hacer. Tal vez debería haberme largado nada mas abrir los ojos antes de que se despertara el y perderle de vista para el resto de mi vida. Durante ese pequeño tiempo de duda, él se había ido al servicio, supongo. Yo de nuevo dudaba sobre qué hacer… tal vez me despertara él al volver y me sacaba a patadas de su casa… no es una idea disparatada, de todos modos, es lo que yo solía hacer.
Joder Hyde –Decía para mis adentros- , te has acostado con un hombre. Vale, ya lo has hecho anteriormente… ¿Se considera sexo aquello? Besos, tocamientos, ¡pero nunca penetración! Maldito Sakura… te odio, ¡te odio! Pero eso ya lo sabes ¡Te odio con todas mis fuerzas! Y me arrepiento de haberte tocado un solo pelo de esa odiosa y maravillosa cabellera y que tus fuertes manos hayan recorrido todo mi cuerpo… ¡Lo odio! ¡Me arrepiento! Aunque apenas fue nada… casi me llevas a la ruina… Como esa zorra… Tsk.
Dios, es que encima creo que le conozco… ¿De qué me suena esa cara? Creo haberle visto en alguna parte… mierda… ¡Mierda! Está vez no has sabido controlar bien la situación, eres un completo idiota…
Completamente ruborizado y absorto en mis pensamientos, noté como aquel chico volvía a tumbarse en la cama, entonces, decidí levantarme rápidamente, cubriéndome la espalda antes con mi camisa tirada en el suelo, junto a la cama, poniéndomela seguidamente con rapidez. De verdad sentía su mirada clavada en mi nuca, no se como pude sentirlo, y me irritaba a también. Sí, sé que me estás mirando.
Cuando terminé de abotonarme la camisa, aun sin el pantalón, noté su mano tirar de mi de nuevo a la cama.
- ¿Eh? ¿Pero qué…?- Él solo me miraba con una sonrisa… muy seductora por cierto. Me fijé en ese momento en el piercing en su lado izquierdo del labio… Ahora me explico el leve escozor que siento en los míos… Me vino a la mente el momento en el que comenzó a devorar de nuevo mis labios al entrar en su casa, empujándonos contra las paredes, cada uno con más ganas del otro.
- ¿Qué ocurre, bombón? ¿No vas a quedarte más aquí conmigo?- Mantenía esa sonrisa, mientras yo volvía a Tierra.
- Tengo trabajo.- Desvié la mirada de él, con algo de seriedad, procurando que mi temple no me hiciera caer en aquella apetitosa proposición… ¿Bombón? Solo de pensarlo me produce risa.
Mientras él seguía desnudándome con la mirada, yo volví a levantarme, y seguía vistiéndome, con sangre fría, pero mi rubor, mi mordida en el labio y mis nervios me decían todo lo contrario… No me falléis precisamente ahora. Ahora no, por favor… Quiero acabar con este bochorno ya… Pero parecía que tanto mis nervios, mis sonrojos, y mordidas inconscientes en el labio y aquel hombre estaban montando un boicot organizado contra mí.
De nuevo, volvió a tirar de mí… Se veía que estaba más fuerte que yo. Decidido, empezaré a hacer más ejercicio…
Y caí sobre él…
Él mantenía la misma sonrisa, impasible. Con ese halo extraño que decía a gritos “te tengo, no puedes escapar”. En realidad, era irresistible, pero no me gustaba esa sonrisa del todo… Me gustaba y no. Tiene algo que me pone en alerta… demasiado… malvada diría yo. ¿Sería un tipo peligroso?
Mientras me quedaba algo absorto en su sonrisa, debatiéndome si podría ser la de un asesino en serie o tal vez de un simple jovencito travieso, él iba rodeándome con sus brazos, siguiendo con esa sonrisa, como si me la entregara para entretenerme con mi estúpido análisis.
Al volver mí, fruncí levemente el ceño mirándole esta vez a los ojos.
- Te dije que tenía trabajo
- Vamos, ¿Quién tiene trabajo un domingo?
- Una persona tan ocupada como yo.
- Quédate.
- …
Esa simple palabra… ese simple “quédate” me dejó paralizado. Una simple y estúpida palabra. Un tonto verbo en modo imperativo, pero más de súplica que de obligación, segunda persona, a mí…
Hacía años que nadie me había dicho eso. Hacía años que nadie me pedía acompañarle el rato con él… Hacía años que había olvidado lo que es la compañía y más aún la sensación de “quedarse” a pesar de tener el deber de irme… Con esa estúpida –tonta, idiota, insignificante- palabra pudo vencerme. Que débil soy.
Me limité a no contestar y solo dejé caer mi cabeza en su pecho como respuesta. Él mantuvo el abrazo… Joder, ¡si ni siquiera recuerdo como se llamaba! Me siento ridículo… pero no se estaba mal tampoco. Tal vez necesitara el calor de un abrazo como ese… No se si este chico suele tratar así a sus ligues, pero si es así, es algo… especialito, por decirlo de alguna manera, ya que me dijo “Solo sexo”, nada de “abrazo incluido”.
De verdad… qué gente más rara anda suelta por el mundo, pero no soy quien para hablar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario